Los niños también pueden tener días difíciles. Pueden sentirse frustrados, tristes, enojados, cansados o confundidos, aunque para un adulto el motivo parezca pequeño.
A veces, cuando vemos que nuestros hijos están mal, nuestro primer impulso es resolver el problema rápido. Queremos distraerlos, darles una solución o decirles que “no pasa nada”. Sin embargo, acompañar una emoción no siempre significa hacer que desaparezca.
A veces necesitan compañía, no soluciones
Las emociones forman parte de la vida. Aprender a reconocerlas y atravesarlas poco a poco ayuda a los niños a desarrollar herramientas que podrán utilizar conforme crezcan.
Cuando un niño está pasando por un mal momento, puede ayudar:
- Escuchar antes de dar consejos.
- Validar lo que siente, aunque no estés de acuerdo con su reacción.
- Evitar frases como “no llores”, “no es para tanto” o “ya olvídalo”.
- Darle tiempo para calmarse antes de intentar resolver el problema.
- Recordarle que puede acudir a ti cuando necesite hablar.
No necesitas tener la respuesta perfecta. Muchas veces, sentirse escuchado ya hace una gran diferencia.
¿Cómo puedes acompañarlo?
Ponle palabras a lo que notas. Puedes decir: “parece que estás muy enojado” o “creo que esto te puso triste”. Esto le ayuda a identificar lo que siente.
Escucha sin interrumpir. Dale espacio para contar lo ocurrido a su manera. Evita convertir inmediatamente la conversación en una lección.
Valida la emoción, no necesariamente la conducta. Puedes decir “entiendo que estés enojado”, al mismo tiempo que marcas límites si gritó, golpeó o lastimó a alguien.
Pregunta qué necesita. A veces querrá hablar; otras veces necesitará un abrazo, descansar o estar solo unos minutos.
Ayúdalo a pensar después. Cuando esté más tranquilo, pueden hablar sobre lo que pasó y buscar juntos otras formas de reaccionar la próxima vez.
Acompañar también es enseñar
No todos los días tienen que terminar con una sonrisa. Enseñar a un niño que puede sentirse triste, frustrado o enojado y aun así estar acompañado le ayuda a construir seguridad emocional.
Tu tarea no es evitarle todas las emociones difíciles, sino mostrarle que puede atravesarlas, entenderlas y poco a poco aprender a manejarlas.